Ciencia y Tecnología
Cómo se forman los huracanes y por qué son tan frecuentes en México, EE.UU. y el Caribe
Los huracanes son las tormentas más grandes y violentas del planeta. Cada año, entre los meses de junio y noviembre, azotan la zona del Caribe, el golfo de México y la costa este de Estados Unidos. Los tifones, afectan al noroeste del océano Pacífico y los ciclones, lo hacen al sur del Pacífico y el océano Índico. Todos son ciclones tropicales, pero el nombre "huracán" se usa exclusivamente para los del Atlántico norte y del noreste del Pacífico. Pero, ¿cómo se forman y por qué suelen afectar a esta zona del mundo?
Por Julieta Pinzón
Noviembre 2023
El mecanismo más común de formación de huracanes en el Atlántico, que provoca más del 60% de estos fenómenos, es una onda tropical. Empieza como una perturbación atmosférica que crea un área de relativa baja presión. Suele generarse en África Oriental a partir de mediados de julio. Si encuentra las condiciones adecuadas para mantenerse o desarrollarse, esta área de baja presión empieza a moverse de este a oeste, con la ayuda de los vientos alisios. Cuando llega al océano Atlántico, la onda tropical es el germen de un huracán, pero para formarse necesita fuentes de energía, como el calor y el viento adecuado. Necesita que la superficie del agua esté por encima de los 27ºC, que haya una capa espesa de agua caliente en el océano, que se den vientos con un giro horizontal para que la tormenta se concentre y que estos mantengan su fuerza y velocidad constante a medida que suben desde la superficie del océano.
Si hay cortante de viento, o variaciones del viento con la altura, esto puede interrumpir el flujo de calor y humedad que hace que el huracán se forme. Tiene que haber una concentración de nubes cargadas de agua y una humedad relativa alta presente en la atmósfera. Todo que ocurrir en las latitudes adecuadas, entre los paralelos 10° y 30° del hemisferio norte, ya que aquí el efecto de la rotación de la Tierra hace que los vientos puedan converger y ascender alrededor del área de baja presión. Cuando la onda tropical encuentra todos estos ingredientes, se crea un área de unos 50-100 km, donde empiezan a interactuar. "El movimiento de la onda tropical funciona como el disparador de esa tormenta".
Y es esta tormenta la que hace de catalizador: empieza el baile de calor, aire y agua. El área de baja presión hace que el aire húmedo y caliente que viene del océano suba y se enfríe, lo que alimenta las nubes. La condensación de este aire libera calor y provoca que la presión sobre la superficie del océano baje aún más, lo que atrae más humedad del océano, engrosando la tormenta. Los vientos convergen y ascienden dentro de esta área de baja presión, girando en dirección contraria a las agujas del reloj, por influencia de la rotación de la Tierra, y dando a los huracanes esa imagen tan característica. A medida que la tormenta se hace más poderosa, el ojo del huracán, el área central de hasta 10 km, permanece relativamente tranquilo.
A su alrededor se levanta la pared del ojo, compuesta de nubes densas donde se localizan los vientos más intensos. La velocidad de los vientos determina en qué momento podemos llamar a este fenómeno "huracán": en su nacimiento es una depresión tropical, cuando aumenta de fuerza pasa a ser una tormenta tropical y se convierte en huracán cuando pasa de los 118 km por hora. A partir de ahí, se clasifica en cinco categorías según la velocidad sostenida del viento. En el Atlántico, la escala de vientos Saffir-Simpson mide su poder destructivo.
Si hay cortante de viento, o variaciones del viento con la altura, esto puede interrumpir el flujo de calor y humedad que hace que el huracán se forme. Tiene que haber una concentración de nubes cargadas de agua y una humedad relativa alta presente en la atmósfera. Todo que ocurrir en las latitudes adecuadas, entre los paralelos 10° y 30° del hemisferio norte, ya que aquí el efecto de la rotación de la Tierra hace que los vientos puedan converger y ascender alrededor del área de baja presión. Cuando la onda tropical encuentra todos estos ingredientes, se crea un área de unos 50-100 km, donde empiezan a interactuar. "El movimiento de la onda tropical funciona como el disparador de esa tormenta".
Y es esta tormenta la que hace de catalizador: empieza el baile de calor, aire y agua. El área de baja presión hace que el aire húmedo y caliente que viene del océano suba y se enfríe, lo que alimenta las nubes. La condensación de este aire libera calor y provoca que la presión sobre la superficie del océano baje aún más, lo que atrae más humedad del océano, engrosando la tormenta. Los vientos convergen y ascienden dentro de esta área de baja presión, girando en dirección contraria a las agujas del reloj, por influencia de la rotación de la Tierra, y dando a los huracanes esa imagen tan característica. A medida que la tormenta se hace más poderosa, el ojo del huracán, el área central de hasta 10 km, permanece relativamente tranquilo.
A su alrededor se levanta la pared del ojo, compuesta de nubes densas donde se localizan los vientos más intensos. La velocidad de los vientos determina en qué momento podemos llamar a este fenómeno "huracán": en su nacimiento es una depresión tropical, cuando aumenta de fuerza pasa a ser una tormenta tropical y se convierte en huracán cuando pasa de los 118 km por hora. A partir de ahí, se clasifica en cinco categorías según la velocidad sostenida del viento. En el Atlántico, la escala de vientos Saffir-Simpson mide su poder destructivo.