El Anunciante FL

Reflexión

¡Bedícete a tí mismo!

La Biblia en varios pasajes, muestra la importancia de las palabras. dice lo que podemos hacer con nuestra lengua o palabras. También nos exhorta a guardar silencio. Y finalmente, y no menos importante, nos invita a declarar el nombre de Señor Jesucristo. Y atado a lo que significa el amor propio, es vital utilizar nuestra boca no solo para bendecir a los demás sino para bendecirnos nosotros mismos.
Por Julieta Pinzón Abril 2024
A menudo escuchamos acerca de la importancia de bendecir y ayudar al prójimo. Pero es fundamental bendecirnos a nosotros mismos, aunque parezca extraño y egoísta. Podría pensar “no puedo bendecirme a mí mismo, prefiero que otra persona lo haga o que Dios me bendiga”. Bendecirme implica decirme lo que Dios dice de mi, hablar de sus promesas. Y así no sea nuestra realidad, decirnos algo como “Soy bendecido, fuerte, talentoso, perdonado, saludable, valioso, hijo del Dios altísimo, maravillosamente hecho, una obra maestra elegida por el creador del universo” …son afirmaciones que me bendicen. Hablarlo da vida a lo que se dice. No es suficiente pensarlo, sucede hasta cuando lo digo y hago al respecto. 

No esperar que un diagnóstico médico confirme nuestra salud, para afirmarla. Debemos declarar salud antes que se manifieste. Proclamar confianza antes de sentirla. Convertirlo en hábito, hará que creamos, eso no es otra cosa, que un acto de fe, por encima de lo que puedan decir de nosotros. Cambiará la percepción acerca de nosotros mismos.

Nuestra identidad está afectada en gran parte por lo que afirmamos de nosotros, de ahí la importancia de desarrollar el hábito de bendecirnos cada día. En la intimidad con Dios, en el lugar secreto, será un dialogo entre Él y yo. Decirle algo como: “Padre gracias porque soy creativo, inteligente, excelente padre, esposo, hijo, por poseer una personalidad agradable. Gracias por tu perdón, por tu redención, porque tu misericordia supera mis errores”. 

Prestar atención a lo que expresamos de nosotros mismos por encima de la opinión de los demás. Afirmaciones que nos fortalecen y dirigen hacia lugares antes inalcanzables. No debemos declarar sobre nosotros enfermedad, fracaso, menosprecio, etc. La palabra de Dios nos asegura su amor, su protección contra el enemigo. Y con frecuencia, éste no está afuera ni es otro, sencillamente está dentro de cada uno y es el que más ataca.  Por ejemplo, frente a un vicio debemos afirmar, soy libre, soy completo, el que está en mí es más grande que lo que intenta detenerme, repitiéndolo, día tras día, semana tras semana, mes tras mes. Aunque al principio no podamos verlo, esa libertad se manifestará en nosotros. En Proverbios 18:20-21 dice: “Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; Se saciará del producto de sus labios. La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos”. Es significativo que Dios utilice la fruta como ejemplo, esta no se desarrolla de la noche a la mañana, lleva tiempo, lo que indica que debemos seguir bendiciéndonos. Esas palabras se arraigarán, la libertad que se afirma se desarrollará, la salud que se declara se manifestará, el talento, la confianza, la disciplina crecerán y se cumplirán nuestras declaraciones. 
Hay que dedicar tiempo cada día para bendecirnos a nosotros mismos, aunque es reconfortante cuando otros nos animan, cuando oran por nosotros, pero sus palabras no tienen la misma autoridad que las nuestras. Cuando afirmamos sobre nosotros mismos, otorgamos el poder de manifestarse. Por ejemplo, es muy difícil, cuando los demás oran porque yo tenga un buen empleo y yo crea que no lo voy a lograr, que no estoy calificado o que no lo merezco. Si de mí no parte esa convicción, esa fe, esa confianza, será casi imposible obtener un buen resultado. 

Si disponemos de unos minutos cada mañana, antes de salir de casa, para afirmar lo que Dios dice sobre nosotros y realizamos esta declaración de fé, seremos bendecidos, atrayendo hacia nosotros todo lo que Dios nos ha reservado. “Soy bendecido, próspero, redimido, perdonado, talentoso, creativo, disciplinado, enfocado, confiado, seguro, preparado, calificado, motivado, valioso, agradecido, determinado, equipado, capacitado, ungido, aceptado, aprobado, soy hijo del Dios altísimo”. La vida y las personas alrededor intentarán derribarnos, diciendo lo que no somos, lo que no podemos. Pero no solo los demás, con frecuencia, nuestros pensamientos son nuestros mayores críticos.  Por ejemplo, una persona que creció en un hogar disfuncional y su padre le dijo que nunca lograría nada, que no era lo suficientemente inteligente, que no tendría éxito, puede por esas palabras tener una vida de fracaso, creyendo esas mentiras. Pero si no escuchamos esas maldiciones y declaramos lo que Dios dice sobre nosotros, modificaremos esa percepción de nosotros y construiremos una mejor vida. Aunque muchos crean que no hay nada especial en nosotros, la buena noticia es lo que dice Dios de mi y lo que declaro al respecto. La Biblia dice que con nuestras palabras podemos bendecir o maldecir, podemos elevar o derribar. La pregunta es ¿Te estás bendiciendo o maldiciendo? ¿estás hablando palabras de fé, de vida, de victoria o al contrario, te estás maldiciendo? La próxima vez que te sientas tentado a decir algo negativo sobre ti, tu futuro, tu apariencia, tus habilidades, mejor cierra la boca, porque cuando estamos en contra de nosotros mismos, estamos de acuerdo con el enemigo, pero cuando te bendices a ti mismo, estás de acuerdo con Dios 
Recuerda estas promesas de la Biblia y guárdalas para ti. Salmo 34:13: “Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño”.  Salmo 20:4: “Que te conceda lo que tu corazón desea; que haga que se cumplan todos tus planes”. Filipenses 4:7: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Proverbios 16:3: “Pon en manos del Señor todas tus obras y tus proyectos se cumplirán". No de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”. Éxodo 23:25: “Adora al Señor tu Dios, y él bendecirá tu pan y tu agua. Yo apartaré de ustedes toda enfermedad”. Filipenses 4:19: “Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús”. Salmo 34:8: “Prueben y vean que el Señor es bueno; dichosos los que en él se refugian”.

Que todas las mentiras del enemigo sean disipadas por la verdad de su palabra, declara sobre tu vida puertas abiertas del cielo, derramando sobre ti lluvia de bendiciones incontenibles, prosperidad en todas las áreas de tu vida, manifestando el reino de Dios aquí en la tierra en el nombre de Jesús, Amén y Amén.